Los democráticos viajes en micro de Mar del Plata a Liniers

Regresaba con mi pareja de un fin de semana de amor y sexo fuerte en Mar del Plata en un micro, asiento semi cama. Golosinas de amor, manos entrecruzadas, besos a escondidas, música linda en auriculares compartidos. Era casi el viaje perfecto, la gira mágica y misteriosa entre dos hombre en lo que todo es entendimiento místico, carnal. Pero no todas son rosas en el reino de los jazmines. O algo parecido. Estábamos por llegar a Morón (ya la gira mágica se tornaba gris, aunque yo sea del oeste porteño) y de repente bajó un viajero del primer piso del ómnibus y se puso a charlar con tres mujeres que estaban en los asientos delanteros de los de planta baja (nosotros estábamos en el segundo asiento de la planta baja). Y la charla fue variando por distintos temas. El pibe era militar, había estado en campañas en Chipre y ahora andaba rondando por Corrientes. Había viajado a Mar del Plata para visitar a sus dos hijos pero la situación con su ex mujer (una jueza) no era de la mejor y él decía que temía perder la cabeza y un día clavarle un cuchillo, lo que generó un rumor temeroso entre las tres mujeres. Ellas (dos italianas ya pasando los 50 años y la otra una cheta de unos 45) le hacían muchas preguntas y parecía que se reían de él, pero bueno, así la cosa siguió. En un momento alguno de ellos mencionó la palabra gay. “Y ahora con esto del casamiento entre gays”, lo que generó un bufido general. El milico, creo que previsiblemente, empezó a decir “que no entiendo cómo puede ser que la gente acepte que los que tienen el mismo sexo puedan entrar en una iglesia”, pero en un momento manifestó: “igual, uno no sabe cómo va a terminar en cuestión de cama”. Las tanas no parecían estar muy de acuerdo pero tuvieron un posición bastante amigable: “que si se quieren quién puede impedirlo”. La cosa se puso brava cuando comenzó a hablar la cheta: “la verdad, y perdonen lo que voy a decir, si yo me enterara que mi hijo llega a ser gay, lo mato, le pego un tiro o le parto algo en la cabeza”. Toda esta charla se mantenía en un tono de voz en la que todo el colectivo podía escucharla, aunque estaba bastante vacío. Siguió la cheta: “En verdad, si es que se demuestra que son enfermos, en ese caso me solidarizaría, porque así lo hago con los que tienen cáncer”. La mina no hablaba en broma, lo decía en serio, provocando el silencio de los otros charladores.

Reflexión 1: en un momento me iba a meter, a decirle que yo acababa de pasar dos días de deseo y amor, que había hasta llorado de amor con mi hombre. ¿Eso me hacía enfermo? ¿Eso me hacía marginal? Decidí callarme y quedar tranquilo pensando que todo vuelve. Tarde o temprano, todo vuelve.

Reflexión 2: Esta gente que habla tan alto, ¿no sabe que uno es puto o torta y que puede sentirse insultado por estos comentarios? ¿Y si mi vieja estuviera en ese lugar y tuviera que escuchar esas boludeces? ¿Es necesario hablar tan alto sobre temas delicados?

Reflexión 3: má sí!!!, que todos hablen lo que quieran, pero que luego todos se banquen cuando algún comentarios hirientes le peguen fuerte en la frente.
beso y gracias

Por Jualman


supercake
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