Un estreno para seguir cantando “Policía Federal, la vergüenza nacional…”

La cartelera de Buenos Aires contará con un plato fuerte esta semana. Se estrena la última película de Enrique Piñeyro (Whisky Romeo Zulú y Fuerza Aérea Sociedad Anónima), un director que se toma muy en serio los casos que investiga y los lleva al extremo del cine denuncia con claros toques ficcionales que hacen que sus productos, dentro de todo, sean exitosos (teniendo en cuenta que el documental no puede combatir con monstruos futuristas en 3D). En esta oportunidad, Piñeyro se mete con un tema sensible: el gatillo fácil de la maldita policía argentina. Concretamente con el caso de Fernando Carrera, que los parasitarios medios locales bautizaron como “la Masacre de Pompeya”. Carrera fue acusado y condenado a 30 años por robos, y por matar con su auto a tres personas, luego de recibir un balazo en su mandíbula, para finalmente recibir 7 balazos más. No vamos a contar de que se trata y cómo de desenvuelve “El Rati Horror Show” (homenajeando con su título al film de culto The Rocky Horror Picture Show, de 1975), pero lo cierto es que Piñeyro inventa un buen formato para contar un hecho real de estas características, en la que deja en claro que el caso Carrera no es otra cosa que un invento policial en que los damnificados por esta corruptela barata son tres vidas perdidas y un hombre injustamente encarcelado. A Piñeyro, se nota, le gusta la cámara y el relato que construye es ingenioso porque se filma a sí mismo y a su equipo como si descubrieran las cosas en el momento. No es que filman el producto de las investigaciones, sino que lo hacen como si lo descubrieran en el momento, al mismo tiempo que el espectador, lo que le da más dinamismo a un caso que está plagado de terminologías legalistas y que hacen marear un poco al que mira y que no sabe nada de Derecho. La peli incluye una entrevista a Carrera desde la cárcel y varios pasos de comedia en los que Piñeyro caga a pedos a los jueces y policías del caso, pero no en persona sino a muñecos con sus rostros. Un buen trabajo que deja en claro, bien en claro, la corrupción policial y judicial y la inoperancia e ignorancia de los medios de comunicación a la hora, valga la redundancia, de comunicar. Recomendable para los que quieran darse un baño de realidad.


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